Tan sencillo como decir: ¿me ayudás?

10416568_704449816314353_2700505969226579416_n.jpgHace dos años estábamos en Nueva Zelanda, recorriendo el país en camioneta con cama adentro y nos encontramos con una oferta de carne irresistible. Como habíamos encontrado parrillas públicas y a gas en casi cada rincón del país, no dudamos en comprarla.

Nos fuimos para Matamata, el pueblo de 12.000 habitantes en el que se filmó el Señor de los Anillos y estábamos seguros de que sería posible cocinar en algún parque, igual que lo conseguimos en pueblos de 1.000 personas.

Pero no, preguntamos por todos lados y en esa localidad no había parrillas públicas.

Al rato de preguntar alguien nos dijo que habían bandejas de carbón descartables pero tampoco quedaban en los lugares que consultamos.

A la salida del último supermercado en el que decidimos probar suerte nos encontramos con una pareja de neozelandeses que vendían choripanes para una ONG y les contamos el problema.

“¿Nos ayudan?”, fue la pregunta que abrió la puerta.

“Sí, no hay problema”, fue la primera de muchas respuestas. Las siguientes fueron “¿De dónde son?”, “¿Qué hacen acá” y “¿Por qué no se vienen a dormir a nuestra casa que tenemos cuartos libres?”.

Estuvimos en la casa de Mark y Susan por tres noches y como él trabaja en otra ciudad, nos hospedó un mes más tarde en otro lugar.

Todo por recurrir a la pregunta más básica de todas: ¿Me ayudás?

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