Ciclismo urbano en Edimburgo

20160804_103551Desde que llegamos nos movemos en bicicleta para todos lados. Compramos una cada uno y es nuestro medio de transporte para todos los traslados.

Sin embargo, la vida del ciclista en Edimburgo no es tan sencilla. Las calles no están en muy buen estado y hay muchas que siguen siendo de adoquines, lo cual adorna la ciudad y preserva su espíritu antiguo pero afloja los tornillos, pone a prueba amortiguadores y hace menos llevadera la pedaleada. Germán anduvo unos días con una rueda que no se salió pero sonaba a que estaba por desencajarse.

Además, el guardabarros es un accesoria esencial: con demasiados días de lluvia, los que usan bici y no quieren llegar con la espalda empapada a cada destino, siempre tienen ese plástico que los separa de la regadera natural que se genera cuando la rueda trasera gira sobre agua. Obviamente, ninguno de los dos tiene este elemento en su bici y cada lluvia nos hace la vida un poco peor.

20160804_103634Lo mejor es el relieve de la ciudad, que si bien tiene algunas subidas, no es realmente empinada y casi siempre se banca bien para hacer los tramos entre casa, trabajo, parque y bar, que son los únicos que hacemos.

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