Ángeles en el infierno: una paradoja que duele en Filipinas

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Viajar tiene cosas muy lindas pero también implica una gran responsabilidad, que tiene que ver con el lado poco feliz de la experiencia. Cuando nos asumimos la responsabilidad de irnos a ver el mundo para contarlo a los que no pueden verlo, también entendimos que también implicaba contar algunas cosas horribles que pasan por acá.

En estos casi tres años por el mundo hemos visitado varios de los lugares más espantosos del planeta y la experiencia resulta tan angustiante como enriquecedora, las emociones se sienten a flor de piel. En nuestro recorrido por diferentes países pisamos lugares que ojalá nunca hubiesen existido, como los campos de trabajo y exterminio de los nazis, los campos de la muerte de los Jemeres Rojos, los bosques en donde se llevo a cabo la Guerra de Vietnam, el punto en donde cayó la primera Bomba Atómica de la historia y algunos sitios más en los que nunca soñamos estar. Pero lo peor de todo es estar en sitios en donde las atrocidades siguen sucediendo, en donde las guerras se siguen librando.

Cuando investigamos los puntos a conocer en Filipinas se abrieron miles de ventanas: había playas, islas, ciudades, rincones y Ángeles. ¿Ángeles? Sí, Ángeles.

Ángeles es el nombre de una ciudad ubicada a poco más de dos horas de Manila. Su historia cuenta que desde 1903 y hasta 1991 albergó la base aérea Clark de los Estados Unidos: la base más grande del mundo fuera de Norteamérica. Pero las consecuencias fueron más allá.

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Explotación sexual para mayores de 70.

Al haber tantos soldados en la zona, la ciudad se transformó por la mera demanda de entretenimiento de los soldados americanos. Entonces, los bares y cabarés se empezaron a adueñar del centro de la ciudad.

Debido a la presencia de la base, Ángeles se convirtió en el hogar de una gran colonia de extranjeros y muchos estadounidenses optaron por quedarse a vivir permanentemente en la zona. Desde los primeros días de la Base Aérea Clark, Ángeles se transformó en un centro para la prostitución y el turismo sexual. Un artículo de la BBC lo definió como “el centro de la industria del sexo Filipino” y lo denominó “La ciudad del pecado”. Sin embargo, el gobierno local la redefine como la “capital del Entretenimiento” sin ánimos de cortar los ingresos de esta industria desagradable. Cuando escuchamos y leímos sobre Ángeles, entendimos que queríamos ir a ver lo siniestro que era el lugar.

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Imagen tan clásica como desagradable.

Llegar allí es una experiencia única. Ubicamos nuestra Guesthouse, caminamos unos cinco minutos y dejamos nuestras cosas. Ya era de tarde y nos fuimos hacia la Walking Street, la peatonal del deseo.

Caminamos y no nos sorprendimos. Prostitutas en la calle, bares sobre la vereda y muchas chicas simpáticas regalándonos halagos. Nos pedimos una cerveza y nos sentamos a ver qué pasaba. Lo primero que nos llamó la atención es que la edad promedio de los hombres es exageradamente alta. Abuelos (o bisabuelos), de Estados Unidos, Europa, Australia, India, Japón, Corea y países árabes, desbordan los lugares. Casi todos andan jugando a ser jóvenes arrugados, llenos de tatuajes o vestidos de manera jovial, derrochando baba, plata y desagrado. Hay jóvenes, pero muy pocos. La mayoría de ellos deambulan consumidos por las drogas.

En la calle, además de chicas (casi todas muy chicas) abundan los vendedores de cigarros, que al acercarse te ofrecen Viagra y Valium, además de cocaína, marihuana y éxtasis. Mediante argumentos sólidos te intentan convencer de que para pasarla bien tenés que drogarte, de que para tener buen sexo tenés que tomarte esa “pastillita” y de que si no has podido dormir bien, producto del consumo de las dos primeras ofertas, lo mejor es tomarte un Valium y dejarte llevar.

Como muchas veces en Asia, entendemos que no saben ni lo que venden. Acostumbrados a abastecer ancianos decadentes nos ofrecen viagra a nosotros, entonces nos reímos, intentamos explicarles que no vamos a comprar y seguimos. Segundos antes de separarse de nosotros nos dejan su tarjetita personal, “por las dudas”.

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Viagra, Valium, Iphone y drogas: para todos los gustos.

Desde la barra del bar en donde tomamos nuestra cerveza no paramos de ver ancianos, veteranos, señores “educados” que se comportan como deben en su continente y son muy maleducados en estos lugares, en que los modales se venden al precio del peso filipino.

Una imagen que resumen este concepto es el restaurant Halal que vende Shawarma entre dos prostíbulos. Halal es el término que refiere a que la comida está cocinada de manera correcta según la religión musulmana, certificada por organismos religiosos. Es interesante ver como personas que rezan y sirven a dios durante el día o a la hora de comer, hacen esas atrocidades y no lo ven como algo a lo que dios le da la espalda.

A los segundos, una imagen nos parte el alma. De un triciclo bajan dos prostitutas con sus hijitos. Los hacen bajar primero y nos gritan “vuelvan más tarde”. Por como visten, los acaban de traer de la escuela. Entran los cuatro al prostíbulo y desaparecen.

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Se hicieron las siete de la tarde, nos fuimos al hotel, nos bañamos y salimos a cenar. Hasta ese momento Ángeles no nos había sorprendido, ya habíamos visto eso antes.

Sin embargo, al caer el sol, arrancó la fiesta. La música se apoderó de la calle, las luces bajaron y el lugar empezó a mostrar su “mejor” cara, ella por la que los extranjeros se mueren de amor.

La Walking Street es una calle angosta, peatonal de unas cinco cuadras de largo (la calle sigue pero ya no hay oferta sexual). A lo largo de las dos aceras hay bares, uno al lado del otro. Todos tienen la puerta abierta pero no se puede ver hacia adentro, porque hay cortinas que no lo permiten. En la puerta un par de chicas y serenos te invitan a pasar, ver y por qué no, tomar algo.

Adentro se vive el infierno. Cada lugar está plagado de prostitutas, chicas, no sólo de tamaño sino también de edad. Es imposible asegurar que sean menores, los carteles indican que no pueden trabajar antes de los 18 pero no les creemos.

Entramos a cinco o seis lugares y nos alcanza. Por primera vez en mucho tiempo volvemos a sentir que odiamos. Que el mundo está muy mal, que todo lo bueno que nos ha pasado queda chico. En toda la calle deben haber más de 50 lugares, en cada uno más de 200 prostitutas, casi todas niñas que no saben ni lo que hacen.

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Hay tres categorías de babosos: los ingleses (americanos, europeos y australianos), los asiáticos (japoneses, coreanos e indios) y los musulmanes. Todos se encargan de mostrar de dónde vienen, orgullosos gritan sus nacionalidades y saludan en su idioma.

La ingleses son en su mayoría veteranos de guerra o “motoqueros”: jóvenes ancianos con arrugas en todas partes que destilan ordinariez. Miran y tocan, toman demasiado y se llevan este lugar por delante. No tienen vergüenza, caminan por la calle victoriosos junto a sus “novias” 60 años menores y con huellas de lápiz de labio, producto de los besos que les lograron robar.

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Los asiáticos, igual que los musulmanes, son más de mirar, babear y reír, sin llegar a tocar a las chicas adelante del resto.

Se hace tarde y ya estamos asqueados. Nos dividimos entre  desearle el mal a algunos y pedir un milagro para otros. No paramos de pensar que no deberían existir lugares así y que nosotros no podemos hacer casi nada. No paramos de querer creer que el mundo viene mejorando pero nos queda muchísimo por hacer.

Ángeles existe porque hay gente que viene y consume de su veneno. Porque la pobreza se viste de sirvienta y a muchos no les queda otra que vivir como esclavos.

Hace unos días leímos una frase interesante: “prefiero ser un tipo pobre que un pobre tipo”. Ángeles está lleno de gente pobre y la miseria los obliga a ponerse del lado de los cuerpos a la venta, del tráfico de drogas y la mala vida. Pero del otro lado hay más estilo, más estatus, mejor impronta pero está lleno, pero lleno de pobres tipos.

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5 pensamientos en “Ángeles en el infierno: una paradoja que duele en Filipinas”

  1. Qué fuerte! La cloaca del turismo! Les mando un link de una exposiciòn fotográfica que toca el tema de los niños y el turismo sexual. Salute, los escucho siempre en la radio y aprendo pila. Buen viaje!

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