Ese maldito momento

12370789_940514526041213_4815705908047857308_o.jpgHiromi estaba en el gimnasio, levantando unas pesas. De repente, sintió una explosión, vio un flash que lo encandiló y cuando salió a la calle se enteró de que no tenía más ciudad.

Caminó por Hiroshima hacia su casa, fue al reencuentro de su mamá y sus hermanas pero tuvo que parar a ayudar a muchas personas que sufrían por las quemaduras.

“Cuando levantaba a algunos heridos, mis manos quedaban con pedazos de carne y piel adheridas. La gente se murió derretida”, recuerda Hiromi. Y las estimaciones dicen que en el momento de la detonación, la temperatura subió por lo menos hasta 4.000 grados, así que el relato tiene lógica.

Lo que pasó ese 6 de agosto de 1945, cuando más de 70.000 personas fueron asesinadas en menos de 5 segundos, no puede pasar más. Para eso Hiromi dedica tiempo a conversar con jóvenes, para eso estudió toda su vida.

Y le preguntamos qué le diría a los presidentes y primeros ministros de los países que hoy tienen bombas atómicas, si los tuviera delante suyo. Hiromi no se extendió mucho y se limitó a decir una palabra:

– ¡Paren!

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