Un homenaje de resistencia y esperanza

12314440_939627312796601_555805017845672765_o.jpgEstamos en el Monumento a la Paz de los Niños, que homenajea a los miles de chicos que fueron asesinados cuando la primera bomba atómica lanzada en ataque cubrió el territorio de Hiroshima.

La plaza homenajea a todos los niños pero individualiza la figura de Sadako Sasaki, una pequeña que sufrió el ataque cuando tenía dos años y falleció finalmente a los 12, a consecuencia de enfermedades propias de los residuos de la bomba.

Dos meses antes de morir, una compañera le contó la leyenda japonesa de que a la persona que pliega 1.000 grullas de origami se le concede un deseo y Sadako quería vivir. Por eso se puso a plegar.

Sin embargo, falleció el 25 de octubre de 1955 y sus compañeras de clase hicieron 1.000 grullas más que fueron enterradas con la niñas.

Su historia se volvió un emblema de la paz mundial y detrás del monumento se pueden ver varios contenedores coloridos, que en realidad son transparentes pero están llenos de grullas que llegan de todas partes de Japón y el mundo.

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