Las paradas largas del Transiberiano: una cuenta regresiva que enloquece

IMG_7093Cuando el Transiberiano anda, todo está en calma. Algunos duermen, otros comen, leen, juegan a las cartas, miran sus dispositivos electrónicos, escuchan música, conversan o simplemente contemplan el paisaje por la ventanilla. Sin embargo, cuando se anuncia una parada que supera los 10 minutos, el clima se enrarece. En esta crónica te contamos lo que pasa cuando el gigante que atraviesa Rusia se detiene a cargar energía, agua y pasajeros.

Todo viene bárbaro hasta que el tren empieza a aminorar la marcha, algunos pasajeros enorllan sus colchones, devuelven las sábanas y la provodnitsa empieza a acomodar el vagón. Entonces, la gente sabe que se viene una parada de las largas.

El tren para porque necesita gas, agua, limpieza, cambio de personal, porque tiene que esperar a que los nuevos pasajeros suban o para no quedar amontonado con otro tren en otra estación. Pero sin buscarlo, desata una locura de hechos que son consecuencia del largo trayecto que recorren quienes lo utilizan.

La fila para bajar se alarga y la ansiedad se respira. Lo que pasa es que abajo está el mundo, está todo, y arriba solo lo que cada uno se trae para sobrevivir. Abajo hay alcohol para los que toman (no son pocos y no siempre es por ocio, la adicción está al acecho en Rusia) y comida fresca para los que se aburrieron de las sopas con fideos deshidratados, que al recibir el agua caliente de los calentadores de cada vagón, se convierten en desayuno, almuerzo o cena, según la necesidad del consumidor. Hay tiendas para comprar snacks de los que se abren cuando el aburrimiento es gigante y hay ofertas de todo tipo por cualquier cosa que ocurra: artículos de higiene, helados, embutidos, prendas y de todo.

Se pone pesado el tránsito en los vagones
Se pone pesado el tránsito en los vagones

La variedad es enorme pero la cantidad de locales no. Son solo un par de comercios que se pusieron al costado de la vía porque el Transiberiano es su fuente de riqueza. En las afueras, sin alquiler de por medio ni tanta sofisticación, esperan las “babushkas” (abuelitas rusas) que ofrecen lo que cosecharon en sus huertos a precios accesibles para el que guste comer algo fresco o aliviar la miseria de estas jubiladas de las zonas rurales de Rusia, que trabajan hasta el día en que sus cuerpos dicen basta.

Locales y babushkas, todos listos para vender.
Locales y babushkas, todos listos para vender.

Entonces, locura. Quince minutos para entrar a uno, ver precios y ofertas, seleccionar, salir, ir al otro, comparar, recordar, decidir, chequear lo que ofrecen las babushkas, decidir y comparar. Todo en 15 minutos.

Y entonces, la crisis: por culpa del cigarro. En el tren está prohibido fumar aunque todos lo hacen entre vagón y vagón (desde el más novato hasta los propios funcionarios). Algunos pitan en la parte cerrada que se usa para subir y bajar y otros en el espacio ruidoso y rudimentario que une las partes del tren, porque ahí corre más aire.

Sin embargo, un puchito al aire libre es otra cosa. Fumar en esos cubículos minúsculos, como si fueran reclusos, no es lo mismo que bajar del tren, sacarse la camiseta si no hace frío (para los rusos con 15 grados basta para guardar la remera en el bolso) y disfrutar de un cigarro como si se tratara del último deseo.

Un cigarro al aire libre: sueño de fumadores.
Un cigarro al aire libre: sueño de fumadores.

Y entonces, la debacle: los últimos rebeldes, los que compran hasta el último segundo, los indecisos y los fumadores compulsivos, todos juntos, quieren pasar por el espacio que solamente los dejará regresar de a uno, en fila, hasta sus asientos. Forcejeos, hombros que chocan y después el orden.

La provodnitsa sube la escalera, repliega la plataforma y cierra el vagón. El Transiberiano sigue viaje y todo vuelve a su lugar. Nosotros, a los asientos 32 y 33 del vagón número siete con destino a Novosibirsk. Ahora, con dos compañeros nuevos, que recién subieron.

Si la provodnitsa lo dice, hay que acatar.
Si la provodnitsa lo dice, hay que acatar.

¿Querés más información? Acá esta todo lo relacionado con el Transiberiano y las ciudades en las que paramos. Además, ¿miraste todo lo que publicamos en Facebook, Twitter, canal de YouTubeInstagram?

Nos vemos A la Vuelta!

Anuncios

Un pensamiento en “Las paradas largas del Transiberiano: una cuenta regresiva que enloquece”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s