A la suerte hay que acompañarla

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La cosa es así: a cada lugar que vamos, entramos al centro de información y acribillamos a preguntas al que nos atiende.

Baños, campings, parrillas públicas y más. Hemos estado en pueblos de menos de 1.000 personas y encontramos parrillas.

Entonces, cuando vinimos para Matamata (12.000 personas) ni averiguamos, era obvio que había. Pero no.

Acto seguido, vinimos a comprar una parrilla descartable pero no quedan. Y a la salida nos encontramos con esta gente, que vende choripanes para subvencionar una ONG, y les contamos el problema.

La solución, compartir la parrilla, conocernos, comprarles choris y que prueben la carne que hicimos.

Ah, además, nos invitaron a quedarnos en su casa.

La vida es simpatiquísima, a no olvidar.

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